As time goes by

Nunca he estado totalmente de acuerdo con la afirmación de que las historias que no suceden no hayan existido.
Si vivir es una función puramente física además de necesaria, soñar o imaginar, crear o pensar abre las puertas a un mundo paralelo, no por ello menos bello: un cuento, una novela sentimental, un poema, unos pensamientos. Quien escribe literatura, lo sabe.

Como los amaneceres londinenses o los ambientes creados por Poe, tan romántico él como con la construcción de sus personajes, vestidos tan extrañamente barrocos; ¿quién no ha vagado o se ha encontrado alguna vez en medio de la niebla?
Mi encuentro casual con ella, y la intervención del autor como un personaje manteniendo conversaciones con su protagonista hasta hacerlo desaparecer. Y no por ello sin “realmente” existir en la “vida real” no dejara un rastro de congoja y tristeza en nuestro ánimo. Creo recordar que eso se llamaba sentimiento. No me niego a no tenerlo. Las no historias que nunca han pasado vienen a veces henchidas de aquello.

Ya conocemos el regreso de Odiseo a Ítaca tal y como se nos ha revelado, llena de aventuras y peligros y dioses enfadados: una historia no verosímil. Algunas personas concluyen afirmando que la moraleja y la lectura que de ella se ha de hacer es que consigue llegar al último capítulo superando todos los obstáculos que encuentra en el camino, salvando todas las dificultades.

Lo sencillo no tiene cabida…………, sin embargo sigo creyendo en la importancia y la sencillez de una sonrisa. Seguro que él también sonrió aunque no se nos cuente. La no historia está plagada de ellas y de lágrimas también. No puedo negar eso, yo lo he sentido. Aun así, prefiero creer en las historias que no han sucedido o que no han existido antes que vivir en  historias no verosímiles, de eso sabe mucho el cine norteamericano de los años 40 y 50.

Recuerdo una y otra vez a la Hayworth uniendo un cigarrillo con otro, ya en aquella época. La importancia de lo no sucedido o de lo no existido………y Johnny Farrell devorado por los celos.

Los abrazos que no existieron o las caricias que no sucedieron y sin embargo ambos permanecían con el sabor amargo de lo no acaecido.

“Siempre nos quedará Troya” debió decirle Ulises a Helena mientras que Eneas sentado frente a un piano inexistente en Roma trataba de inventar una melodía surgida varios siglos después “As time goes by”.

Para cuando ocurrió todo aquello, Paris ya había muerto o eso nos dijeron.

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