A pesar de la noche oscura

        A pesar de la noche oscura

 

A pesar de la noche oscura

se percibe en su cara mohína

tristes aromas de naftalina con fresa.

  

Ha arribado el color,

el color mermelada de la mañana

que penetra en su lecho vacío

que impregna a los vestidos raídos

y a las promesas pasadas.


La pastora se apoya en su cayado,

de sus manos crece néctar

y de su corazón emerge el aguijón de la abeja,

su ganado no pregunta

porqué sus lágrimas se mezclan

en la frescura que desprende el olor a prado.

  

Ellas sólo comen, balan

y a veces mascullan palabras

mientras unos recuerdos (de ella)

se pierden en abismos de un  tiempo lejano,

             y aparece un suspiro que va y vuelve,

acompañado de un eco extraño.

  

La tarde se disfraza de noche,

como si de carnaval se tratara,

se viste con estrellas en la solapa,

y sale el pueblo a la calle

para admirar a la pastora de cara mohína

y de tristes aromas de naftalina con fresa.

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