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Desde la calma de tus actos

Desde la calma de tus actos

“Me ha parecido verte,

pero no eras tú.”

Con la mirada errante y el paso adormecido,

reptando entre una bruma de almas desconocidas,

deambula y ladea la querida prudencia tu gesto incrédulo,

mientras que pareces no hallar algo que has perdido.

 

Desde la calma de tus actos,

algunos trenes de la estación han partido

con pasajeros sin nombre ni apellidos,

 

¿qué nos importa si sus maletas

huyen, saltan, corren, de un vagón a otro

buscando la aventura del ruido de otros tacones?

 

Tal vez hayan comenzado su expiación

hacia la senda de los elefantes dormidos.

“Me ha parecido verte,

pero no eras tú.”

Y comienza tu recorrido hacia el retorno de un encuentro,

aquél que dejaste apoyado sobre un cenicero, bajo un sol de junio,

ése que prefirió sentarse en los bancos interiores de madera,

éste que se sumergió y se entregó a la lectura de algunos versos

del maestro recién desaparecido “El amor, las mujeres y la vida”.

 

Y ya ocupa el asiento que me acompaña, la querida prudencia

que ladea y deambula tu gesto ahora ya aliviado,

y tus primeras palabras tras acariciarme la mano fueron:

“Estabas aquí.”

Y luego agregaste con sorpresa en el tono:

 

“Me ha parecido verte,

pero no eras tú,……

y estabas aquí”

A pesar de la noche oscura

        A pesar de la noche oscura

 

A pesar de la noche oscura

se percibe en su cara mohína

tristes aromas de naftalina con fresa.

  

Ha arribado el color,

el color mermelada de la mañana

que penetra en su lecho vacío

que impregna a los vestidos raídos

y a las promesas pasadas.


La pastora se apoya en su cayado,

de sus manos crece néctar

y de su corazón emerge el aguijón de la abeja,

su ganado no pregunta

porqué sus lágrimas se mezclan

en la frescura que desprende el olor a prado.

  

Ellas sólo comen, balan

y a veces mascullan palabras

mientras unos recuerdos (de ella)

se pierden en abismos de un  tiempo lejano,

             y aparece un suspiro que va y vuelve,

acompañado de un eco extraño.

  

La tarde se disfraza de noche,

como si de carnaval se tratara,

se viste con estrellas en la solapa,

y sale el pueblo a la calle

para admirar a la pastora de cara mohína

y de tristes aromas de naftalina con fresa.

De lunes a domingo

 

De lunes a domingo


 

 

Desde las aceras vacías que vaticinaban la lluvia,

y tras un suelo mojado, descubro cristaleras salpicadas de barro,

marquesinas que reflejan miradas perdidas de rostros cansados.


 

Son pequeños paraísos de rosas grises

y libertad vigilada con pensamientos inacabados

a los que puedo acceder y leer: “Abierto hasta las 17 horas”.


 

Mientras caminas entre un rumbo fijo y otro deforme

con voz destemplada pides permiso,

pretendes observar tonos ocres y maniquíes

que te acechan a plena luz y examinan

tu sonrisa entre perdida y recuperada.


 

Sin embargo, tú eres distinta,

no eres otra rosa gris de arresto domiciliario

o libertad vigilada. Tus pensamientos

se transforman en palabras que acarician mi oído

y en tu sonriente mirada alegre escucho:


 

“Abierto de lunes a domingo y festivos,

de Enero a Diciembre, en Navidades y Pascua

o demás períodos vacacionales,

pues mis 24 horas son sólo para ti”

 

Campos de abetos verdes

Campos de abetos verdes


En mis transidos paseos nocturnos

encuentro poemas grises recitados en el barro.

¡Déjame viajar entre las sombras del espeso bosque

y ascender hacia la cumbre de los abetos verdes!


Camino lento, horizontal, erguido,

tejiendo con huella firme la misma senda

repitiendo cada noche el mismo recorrido iniciático

para desandar al albor con alma cansada.


Creo en el crepitar ciego de mis pasos

a través de la bruma y del tiempo

que sin vacilar me guiarán para siempre

hacia los campos de abetos verdes.


Allí me tenderé un día

y esperaré a que despunte el alba,

allí implacable me darás alcance,

perpetua señora,

y danzarás sonriente en ese instante para mí,

con la seguridad que te otorga la victoria.


Y recibiré un último y definitivo

beso helado de vuestros labios,

que me conducirá por siempre,

hacia los eternos campos de abetos verdes.

Y las latitudes dejaron de coincidir

 

Y las latitudes dejaron de coincidir


 

Y las latitudes dejaron de coincidir,

sin más.

 

Dónde quedaron las promesas realizadas…..,

escritas en libros viejos, con trazos cuidados.

 

 

 

Dónde fueron arrastradas las caricias impares y los besos……,

todos ellos manufacturados con ternura olvidada, con el sentir desde dentro.

 

 

 

Aquéllos marcharán desde la senda de los elefantes dormidos

con la seguridad de la no reciprocidad en el camino.

 

 

 

Es la peregrinación errante, de uno en uno, hacia los tangos y arrabales.

 

 

Letanía para muertos

Letanía para muertos

 

  

 

 

 Ves pasar a un avión

con destino a la vejez.

Coge el tiempo,

destrúyelo,

antes de que una arruga

aparezca en tu cara.

 

 

 

Salgo a la calle y miro el escaparate,

un maniquí me saluda y

con voz temblorosa me pregunta

si he tomado arañas en el desayuno.

 

 

 

Sigo adelante, cruzo un paso de peatones,

desierto. Voy al mercado,

la gente grita desde sus balcones

mientras se arroja al vacío.

 

 

 

Creo que me desmayo.

 

 

Y en ese oscuro letargo,

 rodeo tu cintura con mi sonrisa……

 

 

Hoy paseamos abrazados

                  por los jardines efímeros

de colores sombríos.

 

Y arremetes contra la noche

              Y ARREMETES CONTRA LA NOCHE

 

 

 

 

                         Y arremetes contra la noche

                         diciéndome que Dios no existe, sin embargo

                         me cuentan que te han visto

                         encendiendo velas en la Iglesia.

 

 

                             Escupes en tu pasado,

                             mientras los recuerdos

                             te golpean una y otra vez.

                            No puedes extirparlos

                            yo ya lo he intentado.

 

 

                                La materia arde,

                                aparecen las cenizas,

                               más aún ocultan su glorioso pasado

                               y tú no puedes inmolarte.

 

 

                             ¿No te he enseñado nada?

 

 

                           ¡Y siguen pasando trenes

                                      cargado de pasajeros!.

 

 

                          El cigarro de tu existencia

                          lo sigues consumiendo

                         ahora con caladas más cortas,

                        ¡estúpido!, si piensas que con ello

                         retardas tu encuentro con la muerte.

 

 

                        Escarbas en la mediocridad de tu presente

                        pero algo por fin ha cambiado en ti,

                        tal vez hayan sido

                        los ojos del sexto.