Archivo mensual: febrero 2008

Y todavía te sueño

                        Y todavía te sueño

 

 

Visito la salida del sol a diario

rogándole que la claridad

salga a tu encuentro, sin entender

que tú quieras vivir entre tinieblas.

 

 

A fuerza de golpes extraños

y sangre en las rodillas,

malgasto saliva en oraciones

que ya nadie escucha……

 

 

Hoy te he encontrado

            adorando un falso ídolo.

 

 

Mientras llega la tarde

con sus últimos rayos

de esperanza,

he despertado y tú me has marcado

con el número de la bestia.

 

 

 

¡Ya ni siquiera observas que estoy levitando!

     

 

                                

No importa, ya nada importa, amor

si todavía así puedo llamarte.

 

 

Sé que es nuestro último encuentro,

anochece y sólo me dejas

tu desprecio y tu condena,

el tormento de la soledad eterna,

la pesadilla de no amanecer jamás entrelazados.

 

  

Ya han pasado demasiados trenes cargados de pasajeros.

 

 

 

Aún hoy……, y todavía te sueño.

 

 

 

 

Carcajadas

Iba muy deprisa, un tanto despeinada

y sin paraguas, aunque no llovía.

De cara desencajada, el rímel se le había

extendido en demasía por sus ojos húmedos,

y el carmesí de sus labios la convertía,

le daba un cierto aire de payaso retirado del oficio.

Vestían sus pies, zapatos de tacón alto.

Una gran carrera estornudó

en sus medias de encaje.

Eran joyas de la miseria

la camisa manchada,

el cuello sucio,

y los botones rotos y desabrochados.

Un matrimonio se apeó de su Mercedes,

buscando restaurante para engordar

mientras la señora le hablaba al marido

con un tono irónico e injusto de la patética nueva moda

que se imponía en aquel verano.

La mujer de camisa manchada

y cara desencajada

seguía caminando sin rumbo fijo,

ahora ya la gente se reía a grandes carcajadas.

De pronto, súbitamente, un semáforo en rojo

y una comisaría abierta. Entró con una enloquecida angustia

y un torcido hilo de voz, logrando pronunciar:

¡Ayúdenme, me han violado!

A partir de tu sonrisa

Mientras preparabas el desayuno

he fusilado a tres moscas

a partir de tu sonrisa.


Esta mañana he salido como siempre al corral,

las gallinas han puesto.


Desde la ventana balbuceabas mi nombre,

en tu mente creías escuchar el llanto,

de un niño,

tal vez hambriento.


Si hubieras apagado la radio…


Quizás era yo quien yacía

con un rólex dorado en la muñeca

y un tiesto lleno de huevos frescos en la mano.


Siento escalofríos al recordar que

nueve gallinas picoteaban

a un enorme gusano con hora de Manhattan

por haberles robado un día

tras otro,

el consuelo de su vejez.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.- Pablo Neruda

Poema de Pablo Neruda perteneciente a uno de sus más famosos poemas dentro de su libro 20 poemas de amor y una canción desesperada, recitado por Mario Benedetti

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  POEMA 20

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Se te está viendo la otra de Pedro Salinas

Un poema de amor de Pedro Salinas, perteneciente a la generación del 27. Espero que os guste y lo podáis disfrutar

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Se te está viendo la otra
Se te está viendo la otra.
Se parece a ti:
los pasos, el mismo ceño,
los mismos tacones altos
todos manchados de estrellas.
Cuando vayáis por la calle
juntas, las dos,
¡qué difícil el saber
quién eres, quién no eres tú!
Tan iguales ya, que sea
imposible vivir más
así, siendo tan iguales.
Y como tú eres la frágil,
la apenas siendo, tiernísima,
tú tienes que ser la muerta.
Tú dejarás que te mate,
que siga viviendo ella,
embustera, falsa tú,
pero tan igual a ti
que nadie se acordará
sino yo de lo que eras.
Y vendrá un día
-porque vendrá, sí, vendrá-
en que al mirarme a los ojos
tú veas
que pienso en ella y la quiero:
tú veas que no eres tú.
Pedro Salinas
(La voz a ti debida)

prueba

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La Poes

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